Iglesias se impuso en la batalla interna de Podemos

El Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, se impuso de forma rotunda a su «número dos», Íñigo Errejón, en todas las votaciones del cónclave de Vistalagre II, con lo que a partir de ahora tomará control total de la joven formación de la izquierda española con el desafío de integrar al sector moderado para evitar una escisión, como reclaman las bases.

«Hay un mandato claro para este secretario: unidad y humildad», dijo Iglesias, ocasionado por los militantes morados reunidos en la Asamblea Ciudadana, que lo recibieron entre gritos de «unidad» y «sí se puede».

«Unidad» fue el reclamo unánime de las bases en la jornada de apertura de la asamblea de Vistalegre II -nombre del recinto donde se celebró el encuentro- en el que Iglesias y Errejón, secretario político de Podemos, dirimieron una batalla fratricida a raíz de sus profundas diferencias ideológicas sobre cómo debe ser la fuerza nacida del movimiento de los indignados en el futuro.

Iglesias defiende un Podemos más volcado con los movimientos sociales, con un discurso duro en las instituciones y de confrontación con los demás partidos del «sistema», mientras Errejón abogaba por avanzar en la transversalidad para ganar la confianza de más ciudadanos (cuenta con el 20% de los apoyos) y llegar a acuerdos con otras fuerzas en el parlamento para empezar a desplegar el programa de Podemos.

Los resultados del proceso interno al que dejaron echada su suerte fueron inapelables: Iglesias mantiene su cargo de secretario general, en el que no tuvo rival, con el 89% de los votos; mientras su lista para el Consejo Ciudadano Estatal (CCE) obtuvo un 59,8% de los apoyos, frente al 37,1% de la lista de Errejón, y un 3,23% de los anticapitalistas de Miguel Urbán.

De esta forma, de los 62 cargos que componen la cúpula de Podemos, 37 consejeros son del equipo de Iglesias, 23 de Errejón y 2 de la corriente minoritaria anticapitalistas.

Las más de 150.000 personas que participaron también optaron de forma mayoritaria a favor de las tesis ideológicas de Iglesias, que venció en la votación sobre los documentos político, organizativo, ético y de igualdad.

Los «errejonistas» habían apostado fuerte por imponer su proyecto político para imprimir un cambio de rumbo a la formación de izquierda, al considerar que la estrategia de confrontación dura seguida por Iglesias desde las elecciones del 20 de diciembre -que impidió un acuerdo con los socialistas para desbancar al conservador Mariano Rajoy-, los había alejado de parte de su propio electorado.

Sin embargo, el partido se volcó con Iglesias, quien se vio desafiado y convirtió la asamblea en un plebiscito sobre su liderazgo.

El futuro de Errejón como «número dos» queda ahora en el aire, aunque Iglesias prometió que habrá integración en la futura dirección del partido. El joven de 33 años, que compone el núcleo de Podemos hace tres años, asumió desde hace días que si perdía la contienda iba a tener que dar un paso al costado y abandonar el cargo de vocero del grupo en el Congreso de los Diputados.

«Creo que hay un mandato claro de pluralidad, pero corresponden a la nueva dirección decidir dónde nos vamos a situar los compañeros y compañeras. Yo estaré donde se me considere más útil en mi proyecto que es Podemos», dijo Errejón en conferencia de prensa al término del cónclave.

«A partir de mañana toca construir, y creo que va a prevalecer la sabiduría y sabrán que somos más fuertes cuando toca integrar», añadió.

Asimismo, Errejón expresó su satisfacción por cómo se llevó a cabo el proceso interno y llamó a su partido a trabajar para «ser alternativa a un gobierno que maltrata a nuestro pueblo».

«Cerramos esta asamblea fortalecidos, con más capacidad de ser útiles a esa gente que se vio defraudada cuando Rajoy se mantuvo en La Moncloa. Vamos a dejarnos la piel para construir una alternativa nueva», indicó.

No obstante, la responsabilidad sobre el futuro organizativo de Podemos y la línea a seguir, incluido si habrá purgas o no, quedó en manos de Iglesias, quien antes de subir al escenario se dio un abrazo fraternal con Errejon.

«Unidad y humildad», repitió una y otra vez el reforzado líder, quien prometió trabajar para «seguir instruyendo un país más democrático, más solidario, más igualitario».

«Probablemente cometeremos errores, porque es difícil no equivocase cuando se toman decisiones, pero no nos equivocaremos de bando», aseguró.

«Hoy Podemos es más fuerte y maduro para seguir siendo un instrumento al servicio de las mayorías sociales», remarcó Iglesias.

Además del cambio del reparto de poder interno, el triunfo de Iglesias inaugura una nueva etapa en la historia política de la fuerza política más joven de España, que con cinco millones de votantes se convirtió en el tercer partido del parlamento, mientras las encuestas la sitúan en segundo lugar en intención de voto por delante del centrado Partido Socialista (PSOE).

El giro que imprimió Iglesias llevará a Podemos hacia una estrategia bien diferenciada del resto de las fuerzas políticas opositoras, lo que puede traducirse en menos diálogo con los socialistas y los liberales de Ciudadanos, a lo que el líder del partido anti-austeridad coloca en la misma bolsa que al conservador Partido Popular (PP) del presidente Mariano Rajoy.

En un parlamento fragmentado y con el PP en minoría y necesitado de acuerdos, Podemos apuesta por atrincherarse y presionar hasta que cambien las relaciones de fuerzas, aunque las próximas elecciones no están previstas hasta dentro de cuatro años.

Entretanto, está por verse si la herida abierta por la guerra interna entre las dos máximas figuras de Podemos sigue sangrando o cicatriza rápidamente. El futuro de la izquierda política española seguirá pendiente también de lo que ocurra en el PSOE, que continúa dividido, mientras Rajoy, en la derecha del tablero, se muestra fuertemente respaldado por sus compañeros de partido.