Obesidad, una epidemia social que afecta a niños, niñas y adolescentes

Por Florence Bauer (*)

En las últimas décadas el sobrepeso y la obesidad adquirieron proporciones alarmantes. Estamos frente a una epidemia que afecta a cuarenta millones de chicos y chicas en el mundo, diez millones más que hace dos décadas. América Latina es la región que tiene mayor prevalencia y Argentina, uno de los países más críticos con un 30% de adolescentes con sobrepeso y obesidad.

Por esto la malnutrición fue incluida en los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), adoptados por los Estados miembro de Naciones Unidas, y es una de las prioridades de UNICEF a nivel global y en Argentina. Históricamente el trabajo de UNICEF se ha focalizado en tratar las causas y consecuencias de la desnutrición en menores de cinco años, en mejorar el estatus nutricional de las madres y sus hijos, y en la contención de emergencias y hambrunas.

Los países de ingresos medios, como Argentina, enfrentan la combinación de tres problemas: desnutrición, deficiencia de micronutrienes, obesidad y sobrepeso. Si bien hay casos críticos, sobre todo en las zonas más vulnerables del país, los índices de desnutrición bajaron mucho en los últimos años, mientras el sobrepeso y obesidad vienen aumentando. El país exhibe la segunda tasa más alta de sobrepeso en menores de 5 años de América Latina y el Caribe con un 9,9%, según la Organización Panamericana de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En adolescentes de 13 a 15 años, el sobrepeso aumentó un 17% en cinco años, al pasar del 25% (2007) al 29% (2012), según cifras oficiales.

Esta epidemia también tiene una dimensión de inequidad que afecta más fuertemente a las poblaciones más pobres. Los chicos y las chicas de bajo nivel socioeconómico tienen un 31% más de posibilidades de tener sobrepeso que los de alto nivel socioeconómico.

Disminuir la obesidad y el sobrepeso y mejorar la nutrición de los chicos y las chicas es parte del programa de cooperación de UNICEF Argentina. Y para que esto sea posible, es fundamental abordar estos temas desde el embarazo y la primera infancia, cuando se forman las papilas gustativas, para que los chicos y las chicas adquieran preferencias saludables.

El acceso a la información es determinante. Es fundamental limitar las interferencias perjudiciales que existen en el momento en que los niños aprenden hábitos alimentarios y eso requiere una regulación en la comercialización. En Argentina los etiquetados de los alimentos no son claros, se prestan a confusión y en consecuencia un producto que parece saludable, puede no serlo. Las empresas no están obligadas a informar en forma unívoca, por ejemplo, sobre el uso excesivo de azúcar, pese a la evidencia científica sobre el impacto que tiene en la salud.

Sin información clara, los adultos no pueden ejercer su pleno derecho a elegir lo que compran y les dan de comer a los chicos.

Las respuestas están, entonces, del lado de la regulación, la educación y el fortalecimiento de derechos. La incorporación del etiquetado frontal en los envases es una medida efectiva, comprobada en países como Chile que lo implementó recientemente. Las restricciones en la publicidad sobre productos alimentarios dirigidas a niños, la protección de los entornos escolares y la discusión de políticas fiscales para bebidas azucaradas son otras estrategias que en la región, muestran muy buenos resultados.

Este tipo de intervenciones demandan el compromiso de toda la sociedad. Se requiere un fuerte liderazgo de los gobiernos, la participación activa de la sociedad civil organizada y la academia, que brinda evidencia e información, y una responsabilidad creciente del sector privado con el desarrollo de buenas prácticas.

La obesidad y el sobrepeso no son problemas individuales: son epidemias sociales que requieren de acciones a nivel poblacional, que generen entornos más saludables donde los niños, niñas y adolescentes puedan ejercer plenamente su derecho a la salud.

(*) Representante de UNICEF Argentina.

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