Más de 10 mil escuelas bonaerenses analizaron los métodos de evaluación

Más de 10 mil escuelas públicas y privadas de toda la provincia de Buenos Aires discutieron entre jueves y viernes la forma en que los alumnos son evaluados en las aulas, en el marco de las jornadas Aprender impulsadas por el ministerio de Educación de la Nación y en las que docentes y directivos pero también padres y alumnos participan de ese intercambio.

Los chicos de la escuela número 6 de Santos Lugares, la “Almafuerte”, estuvieron este viernes con cara larga, ya que cada vez que querían entrar a la biblioteca, alguna de las maestras los echaba. Detrás de la puerta, las espiaban mientras desplegaban papeles, pasaban el mate de mano en mano y discutían con el ceño fruncido. La escuela queda a pocas cuadras de la casa en la que vivió el escritor Ernesto Sábato, en el partido bonaerense de Caseros, y Claudia Longo, su directora, contó a la agencia de noticias Télam que la biblioteca es uno de los lugares más concurridos del colegio, una de las claves que les permitió alcanzar un nivel “avanzado” en las pruebas Aprender que el ministerio tomó el año pasado.

Asediada por la oferta de escuelas privadas en los alrededores, el establecimiento logró sin embargo pasar en ocho años de 51 a 86 alumnos.

Pero esta vez, los chicos no son los únicos que rindieron examen porque entre ayer y hoy sus maestros y los padres que quisieron -o pudieron- sumarse tuvieron que completar las guías enviadas desde Nación para conocer y debatir de qué manera son evaluados los alumnos y sí eso refleja realmente lo que saben.

Uno de los ejercicios consistió en que seis maestras dibujaran un árbol, aunque solo una de ellas, Verónica Meichtri, la bibliotecaria que cumplía el rol de coordinadora sabía la consigna entera: el árbol debía además parecerse a uno que estuviera en el barrio. Sólo una alcanzó la meta.

“Este ejercicio sirve para que podamos discutir si los chicos tienen que saber lo que nosotros vamos a evaluar”, explicó Meichtri. “En los hechos, es algo que hacemos todos los días, cada vez que empezamos una unidad les cuento qué es lo que quiero que aprendan, pero está bueno poder tener este tiempo para reflexionar todas juntas”, agregó Adriana Bernis.

Karina Strak se acomoda en el asiento, estira el delantal y sigue: “Sí, pero yo también tengo que evaluarlos de la manera tradicional, porque es lo que van a tener en el secundario. El problema es que todas hacemos una evaluación continua pero después te llega para hacer un examen “Aprender” y los chicos se quedan duros cuando un día aterriza una persona que no conocen para tomarles examen”.

El año pasado, el ministerio de Educación llevó adelante el operativo Aprender con el cual se evaluaron a 1,4 millones de alumnos de los últimos años de la escuela primaria y secundaria para conocer su nivel pero también para saber cuál era el clima dentro del aula.

En ese contexto, también se hizo la “Autoevaluación Aprender”, de la que participaron además padres y docentes, ocasión en la que se planteó la pregunta “¿Cómo enseñamos?”.

A las 10.657 escuelas que participaron en la provincia de Buenos Aires se sumarán la próxima semana las de San Luis y Mendoza y hasta final de año seguirán Entre Ríos, Jujuy, Tierra del Fuego y Ciudad de Buenos Aires, con lo que se llegará a 22.618 establecimientos educativos hasta diciembre, aunque el objetivo del ministerio es poder cubrir los 40 mil de todo el país.

“La autoevaluación constituye una modalidad que permite a las escuelas obtener información relevante generada por sus propias comunidades educativas”, según la convocatoria lanzada para este año desde el ministerio de Educación.

Todo lo que se discute en la autoevaluación debe ser plasmado en una relatoría que se envía a la Unidad de Autoevaluación de la cartera educativa, y el objetivo es que a partir de esos datos se pueda elaborar un “manual de buenas prácticas”.

Pero no siempre esas intenciones llegan al aula. El ministerio todavía no terminó de procesar la autoevaluación del año pasado y esta vez la convocatoria llegó tan rápido que pocos padres pudieron participar.

Las discusiones son coordinadas por los docentes de la propia escuela que deciden quien tomará ese rol y deberá seguir una guía de 55 páginas enviada desde el ministerio por correo electrónico al colegio.

Gabriela Wargner se queja porque desde el jueves están discutiendo un mismo punto: “Estaría bueno que vengan antes a informarnos que es lo que estamos haciendo y qué van a hacer con lo que discutimos, porque de la jornada anterior sólo nos quedó un certificado de asistencia”, se lamentó.

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