Los nuevos pianos del folclore argentino

El piano tiene importantes referencias en el folclore, de diferentes escuelas y estilos, desde el enfoque esencialista de Adolfo Abalos hasta las figuras disruptivas de Manolo Juárez o Eduardo Lagos; y, desde una y otra orilla, esa fuerza se ha proyectado a la música argentina contemporánea que tiene en Andrés Pilar y Matías Martino, que se presentaron en Café Vinilo de Palermo, a dos de sus exponentes más originales.

Martino y Pilar son dos presencias repetidas en la escena musical argentina: han delimitado un terreno como compositores, arregladores e intérpretes y son a veces protagonistas y otras colaboradores de numerosos proyectos musicales colectivos; pero en Palermo ofrecieron un concierto justamente para explorar la proyección que la música folclórica puede desarrollar bajo el formato del solopiano, sea en forma individual, a dos pianos, a cuatro manos. Sea bajo el rigor de la partitura o con el pulso de la improvisación.

Acaso la génesis de esa comunión estuvo en las aulas: ambos terminaron de definir sus propios estilos bajo la dirección de la pianista cordobesa Hilda Herrera que, más allá de su propia estatura artística, es transmisora de saberes, obras y experiencias de autores fundamentales de nuestra música. Así fue fácil advertir a lo largo del concierto la aparición de arreglos o pentagramas que fueron construidos en el contexto de aquel aprendizaje.

Desde entonces los dos pianistas completaron su camino. Martino lidera un trío que conforman también el contrabajista Juan Pablo Navarro y el percusionista Mariano Cantero y este año ha editado un álbum orientado al repertorio folclórico –inmenso y poco explorado y divulgado- de Horacio Salgán, referencia por excelencia del piano en el tango. Además acompaña a la venezolana Cecilia Todd.

Pilar, ya con un linaje reconocido como arreglador para distintos formatos, incluso orquestales, y con una experiencia solista, lanzó este año el disco debut de su noneto Don Olimpio, “Dueño no tengo”, que concentró una verdadera selección de músicos de la escena contemporánea.

El concierto en Vinilo transitó esas diferentes etapas: enfatizó en el inicio la exposición de composiciones originales (“Huella”, “Infancia”, “La sonámbula”, en el caso de Pilar; “Preludio en Vidala”, en el de Martino) para luego avanzar hacia el territorio del arreglo y, en algún caso, la improvisación.

En ese devenir Martino mostró, por ejemplo, el impresionante arreglo de Salgán de la cueca “Para qué”, de Montbrun Ocampo, que rara vez se oye, sea cual fuere el ámbito que se transite.

“Como si no alcanzara con todo lo que le dio al tango, las obras folclóricas de Salgán revelan el mismo nivel de genialidad y originalidad”, fijó Martino para luego introducirse en otro arreglo de la misma fuente: el gato “Ay tirana”, de José María Hoyos.

Con destreza, los músicos se desplazaron desde las formas más tradicionales de la música argentina (por ejemplo, entregaron una versión apegada de “La alejada”, de Cayetano Saluzzi), hasta alguna partitura fuera de registro entregada por Hilda Herrera y, claro, también arreglos de los propios músicos sobre composiciones más o menos tradicionales.

Quizá por aparecer a veces mal asociado a la transmisión pétrea de una tradición, o acaso por tener raíces más antiguas que otras especies musicales, puede sorprender que el folclore se convierta en lenguaje por excelencia de dos músicos como Pilar y Martino que reflejan, justamente, las (nuevas) posibilidades expresivas de la música argentina.

El pulso conservador se constituye, hoy más que nunca, en la música preparada para las audiencias de masas, mientras que la vocación transformadora se nos revela y presenta sin que la industria del entretenimiento la advierta. En Café Vinilo, se mostraron evidencias empíricas sobre la buena salud de la música popular argentina.

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