La UNLP sigue digitalizando joyas literarias

Un organismo de la Universidad Nacional de La Plata que se dedica a digitalizar obras antiguas trabaja en el escaneo de obras de Miguel de Cervantes, Isaac Newton y otros tesoros científicos que se encuentran en las facultades, bibliotecas y museos de esa casa de estudios para que puedan ser consultadas sin restricciones y desde cualquier lugar del mundo.

Se trata del Servicio de Difusión de la Creación Intelectual (Sedici), un repositorio institucional, que de acuerdo a un ranking elaborado en enero por el Laboratorio de Cibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España se encuentra en el número 52 entre los sitios de  acceso abierto del mundo, sobre un total de 2.790, y octavo en América del Sur.

Desde http://sedici.unlp.edu.ar, de forma gratuita, los usuarios pueden acceder a toda la producción intelectual de la UNLP, que consiste en unos 68.530 documentos, de los cuales 1.041 son libros y el resto artículos, ensayos, abstracts, tesis y producciones de investigación.

La directora del organismo, Marisa de Giusti precisó que a mediados de mayo comenzarán a escanear obras de Miguel de Cervantes.

«Vamos a digitalizar las 75 joyas de la Colección Cervantina de la Biblioteca Pública de la Universidad y, para ello, vamos a comprar una cámara nueva y trabajar con un escáner cenital», dijo y añadió que entre esas joyas se encuentran ejemplares de «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» en distintos idiomas.

Otros de los libros célebres que ya se subieron a esta biblioteca virtual son «Principios matemáticos», de Isaac Newton; «Lunario de un siglo», del padre jesuita Buenaventura Suárez, y «Opera omnia», del astrónomo danés Tycho Brahe.

De Giusti explicó que «es una tanda de digitalización que se inició en conjunto porque son tres libros que la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas tiene guardados en su biblioteca».

«Principios matemáticos», publicado por Newton en Londres en 1687, recoge sus descubrimientos en mecánica y cálculo, por lo que marcó un punto de inflexión en la historia de la ciencia.

«Lunario de un siglo» es una colección sobre cuestiones del cielo entre 1740 y 1841 y dos de los pocos ejemplares que quedan de la edición portuguesa de 1748 se encuentran en la UNLP: uno en el Observatorio y otro en la Biblioteca Pública.

En tanto, «Opera omnia» (de 1687) recopila el trabajo sobre la supernova de Casiopea, con observaciones y revisiones sobre la teoría del movimiento lunar y solar, así como un catálogo con la posición de 777 estrellas fijas.

«Los tres libros estaban impecables porque los habían hecho restaurar. Llevamos el escáner DaL a la biblioteca, que permitió obtener imágenes de gran calidad, ya que funciona con dos cámaras digitales. A lo largo de tres días se digitalizaron los tres libros», contó.

Luego, «se llevó a cabo el posproceso con los expertos para mejorar imagen, quitar manchas y sombras y pasar de imagen a texto», subrayó.

«Más tarde, se pasó a formato de preservación, se subió al repositorio y se catalogó el material. Se añadieron datos sobre el autor, la edición, el tamaño, la editorial, en qué año se publicó, un resumen con criterio científico, las licencias y se publicó», sintetizó y agregó que «ahora, están al alcance de todo el mundo».

Entre los trabajos de digitalización se destaca también «Sylloge fungorum», del micólogo y botánico italiano Pier Andrea Saccardo (1845-1920), que consta de 26 tomos en los que se recopila información taxonómica sobre especies de hongos.

De Giusti detalló que «es un libro antiquísimo que llevamos al Sedici para escanear» y apuntó que fue «muy trabajoso poder captar con apertura completa de ángulos cuando las páginas originales son muy grandes o no se puede abrir el libro, pero por suerte los escáners tienen cámaras réflex de muy buena calidad».

Por último, destacó que el organismo escaneó los «Libros Copiadores», un registro de las notas oficiales emitidas por los directores del antiguo Instituto de Física de la UNLP que dan testimonio del comienzo de la física en Argentina.

«Son joyas. El papel era finito y se trabajaba con unas tintas que traspasaban la hoja. Entonces hubo que hacer un proceso de restauración tremendo», contó.

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