Caetano Veloso, todo queda en familia

El músico brasileño Caetano Veloso, junto a sus hijos Moreno, Tom y Zeca, ofreció un momento de indescriptible belleza en la primera presentación del espectáculo “Ofertorio”, en el porteño Teatro Gran Rex, el trabajo que los reunió en un diálogo musical que logra reflejar la calidez del vínculo familiar.

En lo que en la teoría pareciera una tarea casi imposible, los hijos de uno de los músicos más grandes de la música popular brasileña logran ponerse a la altura de su célebre padre, al potenciar los sensacionales climas que es capaz de crear el icónico artista.

Eso ocurrió en la casi dos horas que duró el concierto, que esta noche volverá a repetirse, en un ambiente intimista, distendido y minimalista en la puesta, que pareció replicar una sobremesa de domingo, en un patio de una casa de Salvador de Bahía, en la que sus integrantes se valen de cualquier elemento a su alrededor para hacer música y arriesgar, incluso, algunos pasos de baile.

En este contexto, efectivamente, Caetano se situó como el gran patriarca del clan en el centro del escenario y ofició de eje sobre el que giró el concierto, aunque con la capacidad de saber ceder su protagonismo y limitarse a ser un sobrio acompañante cuando era el turno de las interpretaciones de algunos de sus hijos.

Los cuatro Veloso construyeron un universo sonoro rico en el plano rítmico y conmovedor en sus melodías, a partir de guitarras, bajos, unos breves fragmentos de teclados y percusiones con pandeiros y platos con cubiertos.

En tal sentido, los roles se repartieron, en general, con Caetano, en guitarra; Moreno, en guitarra y percusiones; Tom, en guitarra; y Zeca, en bajo y teclados; más allá de que alguno pudiera tomar otro instrumento de manera circunstancial.

Por supuesto que los clásicos del jefe del clan, como “A tua presenca, morena”, “Trem das cores”, “Genipapo absoluto “ o “O leaozinho”, esta última en la voz de Moreno; acapararon las ovaciones, pero las intervenciones de sus hijos también regalaron momentos memorables.

La interacción entre los cuatro músicos fue perfecta, casi podría definirse que “tocaron de memoria”; y también desplegó una belleza inusual con armonizaciones vocales, tal como ocurrió en el tema “O seu amor”, de autoría de Gilberto Gil.

Claro que además hubo lucimientos de cada uno de ellos, Moreno, como destacado solista, heredero del carisma y la calidez musical de su padre, además de ser su mejor interlocutor artístico; Tom en su labor con la guitarra, con asombrosa soltura y gestos de virtuosismo; y Zeca, en su rol de bajista, aunque también regaló uno de los momentos de mayor encantamiento al entonar la desgarradoramente bella “Todo homen”.

Y aunque la instrumentación diera argumentos para hablar de minimalismo, esto sería un error conceptual si se tiene en cuenta que cada rasguido, cada patrón rítmico, ocultaba un rico y complejo mundo musical ligado a las tradiciones de cada localidad brasileña.

Las historias familiares aparecieron en forma de canciones, con “Boas vindas”, escrita cuando nació Zeca; y “Ofertorio”, el tema compuesto para la misa por los 90 años de la madre de Caetano, que el autor interpretó, en esta ocasión, en honor “a la religiosidad” de sus hijos, según dijo, al explicar que él no era creyente, pero sus hijos sí.

“El punto donde todo comenzó”, dijo Caetano al llegar el turno de “Um canto de afoxé para o bloco do ile”, la canción de 1981 en la que, con sólo 9 años, participó Moreno, el mayor de sus hijos; para luego seguir con “How beautiful could a being be?”, compuesto por este mismo diez años después.

Tampoco faltaron los pasos de samba de cada uno de los protagonistas de la noche, como así tampoco el homenaje al tropicalismo, con el inicio del concierto con “Baby”, un clásico de 1968, símbolo de este movimiento; y “Alegría, alegría”, en los bises.

La sensación de estar en una reunión familiar se extendió cuando Caetano y Moreno improvisaron “Cachito mío”, tras una hermosa interpretación de “Tonada de luna llena”; con los graciosos comentarios de los músicos o la arenga de Moreno que levantó al público al grito de “Lula libre”, en apoyo al ex presidente brasileño preso.

El final del concierto dejó la indescriptible sensación de saudade en el público, esa melancólica felicidad que queda ante una reveladora belleza y las ganas de ser un invitado a la sobremesa familiar dominguera de los adorables Veloso.

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