La violencia se hizo presente en Cataluña

La violencia irrumpió este martes en Cataluña al término de la segunda jornada de protestas pacificas contra el fallo del Tribunal Supremo español, que condenó a prisión a los líderes del fallido proceso de secesión de 2017, y multiplicó las presiones para que el gobierno central español intervenga otra vez la norteña región.

Casi sobre la medianoche, cuando la situación de violencia que se había extendido de Barcelona hacia otras ciudades de Cataluña todavía no estaba completamente controlada, el gobierno español del socialista Pedro Sánchez emitió un comunicado en el que aseguró que en todo momento «garantizará la seguridad y la convivencia».

«Una minoría está queriendo imponer la violencia en las calles de las ciudades catalanas, especialmente Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida. La violencia de esta noche está siendo generalizada en todas las protestas», aseguró el Gobierno.

En consecuencia, el gobierno español respaldó el accionar de la Policía Nacional y destacó la coordinación con las demás fuerzas de seguridad, incluida la policía catalana y la Guardia Civil, que intervinieron posteriormente para contener las protestas.

Tres manifestantes fueron detenidos, según el diario El Mundo, y al menos 74 resultaron heridos, según los servicios de Emergencia.

Ajena a las críticas de Madrid, la vocera del gobierno catalán, Mertixell Budó, reivindicó el carácter «cívico y pacífico del movimiento independentista» y, tras «condenar cualquier tipo de violencia», llamó a los propios militantes y simpatizantes independentistas a «aislar a los violentos».

«Hay un grupo de personas organizadas que dañan la imagen del independentismo», dijo en declaraciones a TVE.

Pero las imágenes de caos y violencia fueron suficientes para que el líder del Partido Popular (PP), Pablo Casado, exigiera a Sánchez activar la «Ley de Seguridad Nacional», una norma que permite al gobierno central coordinar a todas las fuerzas de seguridad del Estado.

«Los catalanes no podemos vivir en una tierra donde los violentos imponen su ley. Sánchez tiene que actuar inmediatamente para protegernos no solo de los radicales sino del gobierno que les alienta», aseguró Inés Arrimadas, ex líder de Ciudadanos en Cataluña.

Tras una primera jornada de protestas en la que manifestantes bloquearon parcialmente el aeropuerto internacional El Prat, el movimiento independentista volvió hoy a las calles para rechazar la sentencia contra sus líderes.

El propio presidente catalán, Quim Torra, había prometido que garantizaría el derecho de los independentistas a protestar contra esta «injusticia».

En un clima de relativa calma, estudiantes cortaron calles, rutas y vías de trenes en diferentes puntos de Cataluña durante todo el día.

Sin embargo, al caer la noche, la mayor manifestación pacífica, convocada en cercanías de la delegación del gobierno central en Barcelona, terminó en una batalla campal entre grupos violentos y la Policía Nacional en el lujoso y céntrico Pasado de Gracia.

La escena de violencia, que no se veía en esta ciudad desde la huelga general de 2008 contra el entonces gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, puede suponer un quiebre, ya que el movimiento independentista se prepara para vivir una semana marcada por nuevas protestas y una huelga.

La manifestación transcurrió en paz durante dos horas, pero poco antes de que se iniciara la desconcentración la tensión se elevó y la Policía Nacional comenzó a avanzar y empujar para desalojar a los manifestantes.

En medio de ese caos, un grupo de jóvenes encapuchados comenzó a sacar las vallas y a lanzarlas, junto con piedras, a las fuerzas de seguridad que sellaban la esquina del Paseo de Gracia y la calle Mallorca, a solo unas cuadras de la sede del gobierno central español. Los policías respondieron reprimiendo con bastones y balas de goma, lo que escaló aún más la confrontación.

En apenas media hora, el Paseo de Gracia se había convertido en un pandemonio, con hasta nueve barricadas y contenedores basura en llamas. Aunque la mayoría de los manifestantes aceptó abandonar la zona, algunos grupos se quedaron y revivieron algunas confrontaciones aisladas con las fuerzas de seguridad.

Al caer la noche, la zona seguía dominada por más de 30 camiones policiales, mientras cerca de 300 manifestantes resistían en la calle Aragón, en cercanías de la emblemática Casa Batlló, a pocas cuadras de plaza Cataluña, y los bomberos apagaban los focos de fuego.

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