Opinión: ¿Será que algo tenía que pasar? 

Por Rodolfo Augusto Sanz (*)

Estamos presenciando un acontecimiento nuevo, que lo definen como un “cisne negro”, es una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador), de gran impacto socioeconómico, y que una vez pasado el hecho, se racionaliza por retrospección (haciendo que parezca predecible o explicable, y dando la impresión de que se esperaba que ocurriera). Fue desarrollada por el filósofo e investigador libanés Nassim Taleb

¿No será que hemos incrementado tanto la entropía del sistema llevándola  hasta límites insospechados, que generó un desequilibrio de potenciales de tal magnitud, que provocó una reacción que busca equilibrar nuevamente el sistema?

¿Será que los líderes mesiánicos que son “las estrellas de esta época” promueven divisiones, y toman decisiones, solo en pos de mantener el “statu quo” que les permitió llegar a tener poder, y a engrosar su ego, sin importarles el impacto que estas decisiones tienen, en el sistema? 

¿Será que nos empezó a dar lo mismo, si trabajamos o servimos para alguien que mal administra los erarios públicos, o que lucra con las deficiencias del sistema, si éste nos comparte parte del motín?

 ¿Será que no nos importó demasiado que uno de los mejores médicos que dio la Argentina se suicidara, porque no podía mantener funcionando su organización de excelencia mundial, sin tener que resignar sus valores disonantes con los que le imponía el “statu quo”?

 ¿Será que ya no nos importa contagiar al otro, en pos de seguir satisfaciendo nuestro ego, quizás la única parte de nuestro ser que el sistema (“statu quo”) se ha encargado de desarrollar con una eficiencia nunca antes vista?

 ¿No será que el miedo que nos provoca el tener que estar en nuestras casas, está relacionado con que esta condición nos obliga necesariamente a  tener que conectarnos con nosotros mismos, a tener que establecer nuevos vínculos con los seres que nos rodean, sin saber cómo hacerlo?

¿No será que la ansiedad proviene de saber que no vamos a  tener a mano un código QR para evadirnos, y que ni siquiera podremos concurrir al psicólogo, para contar con ese placebo?

 ¿Será que estamos mirando en lugar de sorprendernos, será que estamos oyendo en lugar de escuchar, será que estamos consumiendo en lugar de disfrutar, será que estamos pasando en lugar de vivir?

¿Será que tememos que ninguna de estas pastillas (WhatsApp, Netflix, Internet, Twitter) nos aseguren durante estos días evadirnos lo suficiente de nuestro “ser”, demostrándonos que hemos llegado al punto de que “ya todo, nos dura nada”?

¿No será que si somos energía como se desprende a partir de la teoría de Albert Einstein (E= m.C2), todas estas decisiones de vida tendrán un impacto en el sistema (según el principio de conservación de la energía), y este reaccionará en consecuencia (principio de acción y reacción), y en definitiva  “algo nos tenía que parar, y que el mundo así no daba para más”?

¿Será que estamos frente a la caída de la forma metafísica de este siglo, que estamos asistiendo a la caída de líderes que no serán más por su desprestigio, después de este evento? 

Pues bien, si este evento es un “Cisne negro”, todo volverá a cero, lo que viene no será igual, porque nosotros no seremos iguales, todo tomará un nuevo valor y posiblemente el ritmo será otro, “el mundo pasará a vibrar en otra frecuencia”.

Por lo pronto, yo saldré a contemplar el nuevo color del cielo, sin tanto dióxido de carbono, claro que habría que haber contemplado el otro para notar la diferencia… a seguir maravillándome con el vuelo del colibrí, con la sonrisa de un niño, con la lectura de un buen libro o disfrutar de una buena música, a conectarme más con la esencia de mi ser, a disfrutar más de mi entorno íntimo, teniendo en cuenta que no somos el centro del universo, somos mortales, únicos e irrepetibles.

 

(*) Magister (E-mail: [email protected] / linkedin)