Neil Young: Los 75 años del indomable «caballo loco»

En medio de una serie de reediciones de viejos discos y de la publicación de obras inéditas; y demandas al saliente presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por usar sin permiso sus canciones para la campaña electoral; el músico canadiense Neil Young llega a sus 75 años dando muestras que mantiene el espíritu combativo y las ansias creativas que caracterizaron su vida artista.

La preocupación por el cuidado del medio ambiente y la ácida crítica social y política que irradian sus letras; y las agridulces melodías folk, que mutaron a un proto-grunge cuando comenzó a usar distorsión en sus guitarras; definen la obra de este creador, quien también ha sabido enzarzarse en memorables polémicas con pares, sin importarle sus tallas.

Así parecieran seguir siendo las cosas para el canadiense, a juzgar por el tono de sus últimas publicaciones musicales y por su cruzada judicial contra el magnate presidente derrotado en los comicios del pasado 3 de noviembre; con igual firmeza –aunque con mucha más furia en este caso- que cuando a finales de los `70, protagonizó un entredicho con John Lennon, por el mensaje implícito en su famosa canción «Hey, Hey, My, My».

O acaso las mismas fuertes convicciones que lo llevaron, a pesar de su corta edad, a exigir tener voz y voto como condición innegociable para sumarse al por entonces ya popular supertrío conformado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash.

Pero la realidad es que el hombre nacido el 12 de noviembre de 1945, en Toronto, mostró sus dientes desde el primer momento en que la música comenzó a instalarse como su forma de vida, en los primeros años de la década del `60.

Aunque sus inicios se remontan a bandas locales como The Squires y The Mynah Birds, esta última liderada por Rick James, responsable años más tarde del megahit «Superfreak»; la historia musical de Neil Young comenzó a tomar forma propia cuando conoce a Joni Mitchell en sus actuaciones por clubes nocturnos, quien lo inspiró para iniciarse como compositor.

El recorrido de este músico tomó vuelo definitivo cuando en la segunda mitad de los `60, decidió instalarse en Estados Unidos, en donde junto a Stills formó el grupo de country y folk Buffalo Springfield, que iba a lograr un fuerte impacto en la escena estadounidense pre-revolución hippie.

Tras su disolución, Neil Young se lanzó en solitario junto a un grupo acompañante al que iba a bautizar para siempre como Crazy Horse, en homenaje a un rebelde cacique indio; con una serie de discos que incluían futuros clásicos como «Cinnamon Girl» y «Down By The River».

Pero también fue convocado para sumarse al combo integrado por un ex The Byrds, un excompañero suyo en Buffalo Springfield y un ex The Hollies; con el que iba a participar del mítico Festival de Woodstock y grabar el disco «Deja Vu», obra maestra del cuarteto.

A pesar de las tensas relaciones entre las cuatro figuras, el grupo se mantuvo con esporádicas reapariciones a lo largo de su historia, como en el Live Aid de 1985, mientras cada uno de sus miembros proseguía con sus respectivas carreras solistas.

Pero fue el canadiense el que jugó las mejores cartas desde principios de los `70, con su disco «After the Gold Rush», de marcado mensaje ecologista y antibelicista, que semanas atrás fue reeditado para celebrar sus 50 años; y con su sucesor «Harvest», que incluía «Heart of Gold», otro de sus éxitos.

Esos discos también serían el motivo de su primer cruce mediático, cuando los temas «Southern Man» y «Alabama», que aludían al racismo y la esclavitud, tuvieran una fuerte réplica por parte del grupo Lynryd Skynyrd a través de su clásico «Sweet Home Alabama».

«Oí al señor Young cantando sobre ella (Alabama), oí al viejo Neil menospreciándola; espero que Neil Young recuerde un hombre del sur no lo necesita cerca de ninguna manera», fueron las duras palabras que el grupo sureño le dedicó en un párrafo al canadiense en su hit.

En medio de una frenética actividad, con nuevos éxitos como «Harvest Moon»; y una polémica aparición en «The Last Waltz», el concierto despedida a The Band, convertido en un documental por Martin Scorsese, que debió ser editado para que no se vean los rastros de cocaína en la nariz de Young; el músico volvió a ocupar el centro de la escena por una nueva polémica, en este caso con Lennon.

Ocurrió cuando un domesticado exbeatle lamentó en una entrevista el mensaje del tema «Hey, Hey, My, My», escrito tras la muerte de Elvis Presley y en respuesta a la oleada punk, por la frase que rezaba: «Prefiero arder antes que desvanecerme», la misma que paradójicamente citó Kurt Cobain en la nota que dejó al suicidarse.

No fue casual que el líder de Nirvana tuviera en su cabeza una canción de Neil a la que apelar para justificar su decisión si se tiene en cuenta que desde finales de los `80, el ya legendario músico se había erigido como el «padrino del grunge», a partir de su éxito «Rockin´ in the Free World», en donde comenzaría a usar distorsión en su guitarra.

La reinvención artística le permitió seguir manteniendo su vigencia sin perder la mirada furiosa, a pesar del paso de los años y de algunos gestos filántropos, como la creación de una escuela para educar a niños con capacidades especiales, luego de que su segundo hijo naciera con parálisis cerebral.

Sin embargo, así como decía presente en algunos conciertos benéficos, también lo hacía en ocasiones de corte político, como cuando actuó en un festival en contra de la intervención militar de Estados Unidos en Medio Oriente, durante el Gobierno de George W. Bush.

La potencia en vivo de Young y unos renovados Crazy Horse pudo ser comprobada por los argentinos el 18 de enero de 2001, cuando actuó en el porteño Campo Argentino de Polo, como soporte de Oasis.

Casado desde 2018 en cuartas nupcias con la reconocida actriz Daryl Hannah, el músico aprovechó el aislamiento por la pandemia de coronavirus para trabajar en un disco inédito desde los `70, presentar algunas nuevas canciones y reeditar una versión aniversario de «After the Gold Rush». Y para no perder las mañas, apuntó contra Trump y su manía de usar canciones en actos de campaña sin pedir permiso.

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