Crecen la inquietud y la tensión en Perú

La inquietud se multiplica en Perú tras una semana sin saber quién será el nuevo presidente, mientras el candidato de izquierda Pedro Castillo mantenía una ligera ventaja sobre su rival de derecha Keiko Fujimori y el escrutinio no había avanzado durante buena parte de la última jornada.

Castillo aventajaba a Fujimori por poco más de 49.000 votos entre más de 17,6 millones de sufragios válidos (50,14% a 49,86%) cuando ya se había computado 99,94% de las mesas.

Solo restaba que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se expidiera acerca de las actas de 56 mesas, que fueron impugnadas u observadas.

El diario El Comercio advirtió en una nota editorial sobre la posibilidad de «un clima social inmanejable y desenlaces sumamente lamentables» ante la indefinición tras la segunda vuelta del domingo pasado y luego de las repetidas marchas de simpatizantes de ambos candidatos.

Pese a las denuncias de Fujimori de «fraude bajo la mesa», la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) consideró los comicios limpios y sin «graves irregularidades».

Perú, que tuvo tres presidentes en 2020 y cuatro en lo que va del actual período de gobierno, sufre la incertidumbre, mientras Fujimori moviliza a sus seguidores a las calles para denunciar «fraude» y «hechos muy graves» en la votación y el escrutinio.

Castillo, en tanto, se siente ganador, y el sábado por la noche volvió a pedir a sus simpatizantes «paciencia» y «serenidad», al tiempo que instó a «no caer en la provocación, ya que estamos en un momento crítico».

«En transcurso de los días posteriores a la segunda vuelta del 6 de junio ha hecho ya un daño tremendo a la frágil institucionalidad nacional», dijo El Comercio en su editorial, en el que también fustigó a ambos candidatos.

«De un lado, sin que haya culminado el escrutinio, Castillo comparte efusivamente en sus redes sociales los prematuros mensajes de felicitación por su elección como presidente del Perú de líderes» latinoamericanos, sostuvo.

«De otro lado, en una actitud no menos inconveniente que la anterior, Fujimori continúa con las acusaciones de fraude y responsabiliza a la ‘izquierda internacional’ de querer ‘torcer la voluntad popular’ a través de manipulaciones en mesa», agregó.

«El resultado de este ambiente tóxico es la exaltación de los ánimos de los seguidores de uno y otro lado (…) La mala gestión de elecciones ajustadas puede llevar a un clima social inmanejable y desenlaces sumamente lamentables», advirtió El Comercio.

El JNE está bajo presión de los partidarios de ambos candidatos, que diariamente se manifiestan afuera de su sede en el centro de Lima.

Solo una vez que ese organismo resuelva las actas pendientes, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) podrá contabilizar los votos allí contenidos y proclamar al ganador del balotaje.

Fujimori participó en un colorido y bullicioso acto con miles de seguidores en la plaza Grau de Lima, donde repitió sus denuncias de fraude.

«Estamos aquí para se respete nuestro voto, para que se analicen las actas, queremos una elección transparente», dijo la candidata de 46 años, quien deberá ir a juicio por supuesto lavado de dinero si pierde el balotaje.

Un fiscal anticorrupción pidió la semana pasada preventiva para ella, por supuestamente infringir las reglas de su libertad condicional por el caso de aportes ilegales del gigante de la construcción brasileño Odebrecht.

La solicitud fiscal elevó la tensión en medio del lento escrutinio, en un país sumido en convulsiones políticas desde hace un quinquenio, y será resuelta por un juez el 21 de junio.

Toda la tensión generada tras el balotaje se suma a los estragos que causa la pandemia, que deja 188.000 muertos en el país con la mayor tasa de mortalidad por coronavirus.