Lionel Messi recibirá una suspensión por dos semanas con prohibición de entrenarse y sin cobrar su salario por el tiempo que dure la sanción, a raíz de haber viajado entre domingo y lunes a Arabia Saudita sin autorización, y no continuará en Paris Saint Germain (PSG) a partir del 30 de junio, cuando venza su contrato con el club, anunciaron los principales medios de Francia.

El que lanzó esta información, sin la confirmación oficial de PSG, fue el principal medio deportivo francés y uno de los más prestigiosos del mundo como lo es L’Equipe, el mismo que primero le entregó su séptimo Balón de Oro y después lo calificó con un «3» cada vez que su equipo perdía.

Esta sanción es entonces la gota que rebalsó el vaso de la discordia que se fue llenando con distintos tópicos desde que Messi llegó en 2021 a PSG con toda la «pompa» y ahora se terminaría yendo «por la puerta de atrás», algo que más menos también supo sucederle en su «amado» Barcelona, al que también difícilmente pueda volver en el próximo mercado de verano europeo.

El dueño de PSG, el jeque qatarí Al Khelaifi decidiría no renovar su contrato porque a esta suspensión , se suman su alto salario, la eliminación prematura del máximo objetivo del club, la Champions League, las flojas performances de un equipo de estrellas al que pese y por eso justamente le sobra para ser líder cómodo de la Ligue1, y el descontento de los hinchas para con él y su amigo brasileño, el hoy lesionado Neymar, que contrasta con la adoración que sienten por Kylian Mbappé.

Claro que Mbappé también vivió cortocircuitos similares con la conducción de PSG en la temporada anterior, cuando sus deseos también pasaban por irse a España, aunque no precisamente a Barcelona sino a la vereda de enfrente, la de Real Madrid.

Y si a Kylian le terminaron renovando tras convencerlo con dinero y con algunas perspectivas deportivas que finalmente no se concretaron, ahora a «Lío» parecía que iban a tentarlo con las mismas armas para que renovara el mes próximo, pero a partir de lo informado por L’Equipe esa posibilidad se derrumba definitivamente.

«Ya era una gran tendencia, pero ahora se confirma: Lionel Messi, sancionado este martes tras su viaje a Arabia Saudita, no estará en Paris Saint Germain la próxima temporada», afirmó L’Equipe, que puso en tapa esta noticia, remarcando su salida del club por encima de la sanción que en principio debería empezar a cumplir desde este miércoles.

Esa medida la toma PSG después de la derrota por 3 a 1 con Lorient del pasado fin de semana que hizo estallar a hinchas y directivos, provocando que los dos días libres que el técnico Christophe Galtier (domingo y lunes, Día del Trabajo) le iba a otorgar al plantel se redujeran a uno, ya que este lunes todos debían volver a los entrenamientos.

En ese contexto Messi iba a aprovechar para saldar en Riad, a 6.000 kilómetros de París, un compromiso comercial que tenía pendiente desde que terminó el Mundial de Qatar, en su condición de embajador del Ministerio de Turismo de Arabia Saudita.

Messi y su familia iban a aprovechar los dos días libres que tenía «Lío» para realizar ese viaje, pero al reducirse a 24 horas ya los tiempos no le daban, por lo que no recibió la autorización a esa solicitud que hizo ante las autoridades de la institución parisina y el propio Galtier para ausentarse del país, apuntó L’Equipe.

Sin embargo Messi viajó igual, disfrutó de la estadía en la capital árabe visitando hasta un zoológico con sus hijos y su esposa, Antonela Rocuzzo, cumplió con su compromiso comercial y volvió a París, una ciudad de ensueño que ahora se le está tornando pesadilla.

Por eso sus deseos de retornar a Barcelona se acrecientan día a día, pero simultáneamente con lo que cada vez más lejos le queda esa posibilidad.

Es que el club presidido por Joan Laporta atraviesa serias dificultades económicas como para poder engordar su masa salarial y cumplir con el «fair play» financiero que exige la Liga española, además de no haberse resuelto aun el denominado «caso Negreira», que no es ni más ni menos que un aparente favoritismo que habría tenido el ex vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) español para con Barcelona en algunos partidos. Si eso se comprueba podrían caberle duras sanciones.

Pese a esto, Barcelona está a un punto de consagrarse campeón de LaLiga, aunque todos estos entuertos judiciales y económicos hacen que su futuro institucional y deportivo no aparezca muy venturoso de cara a la temporada que se iniciará en el segundo semestre de este año.

Y esto se sigue manifestando justamente de manera casi cotidiana, puesto que hoy mismo el área futbolística de la entidad «blaugrana» sufrió otro duro golpe al informar su director deportivo desde hace dos años, Mateu Alemany, que dejará esa función el próximo 30 de junio.

El ejecutivo de 60 años ve con nitidez las dificultades que muchos avizoran para los tiempos por venir en Barcelona, en los que por estas razones justamente no tendría lugar Messi aunque sea lo que más quiere en este momento.

Por eso hoy por hoy su futuro en el fútbol de clubes es más incierto que nunca, ya que el quiere seguir jugando en Europa un tiempo más y por el momento la única oferta concreta está en la Major Soccer League estadounidense, desde donde el propietario de Inter Miami, el célebre ex futbolista inglés David Beckham viajó la semana pasada hasta París para saludar a «Lío» y anticipar a los medios que su franquicia está «trabajando intensamente» para contar con sus servicios.

Por eso, aunque nadie lo dice, la otra chance para Messi en suelo europeo, donde sería recibido seguramente con más amabilidad, sería el Manchester City de su padre futbolístico, Josep Guardiola, y uno de sus socios en el Mundial qatarí, Julián Álvarez.

El City Group, dueño de los «Citizens», es precisamente propiedad de capitales de Arabia Saudita, donde Messi estuvo este fin de semana largo. Por lo pronto, si la sanción aplicada por PSG que adelantó L’Equipe se ratifica en los hechos, desde este mimércoles «Lío» tendrá 15 días por delante para analizar tranquilo que será de su futuro, aunque lo tenga que hacer lejos de uno de sus mayores afectos: la pelota.

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