Con la celebración de los 50 años de su debut solista como trasfondo, excusa para realizar un recorrido por esa producción, extensivo a su determinante labor en Serú Girán y a sus más celebrados álbumes de los años ´80, David Lebón ofreció este sábado un concierto en el porteño teatro Ópera, en el que no sólo repasó las etapas más gloriosas de su rica trayectoria sino que, por ende, puso al público cara a cara con una de las mejores aristas de la historia del rocanrol argentino.

En tal sentido, el guitarrista, cantante y compositor recordó, por si acaso hiciera falta, que se trata de uno de los artistas más importantes que dio el movimiento local, autor de algunas de sus páginas más brillantes, y demostró que porta una vigencia que aún le permite conmover a sus seguidores con el excitante rock del que hizo una marca registrada, con sus coquetos souleros y con las estremecedoras baladas deudoras de la tradición blusera.

En una envidiable forma musical a sus 71 años, Lebón derrochó maestría tanto desde las seis cuerdas como con su voz y, con esas armas, eligió dejar en claro que muchas de las grandes gemas que pueblan el cancionero popular del rock argentino llevan su estampa.

La celebración, bautizada como «Herencia Lebón», contó con Rubén Rada como gran invitado de lujo y con tres convidados que sobresalieron y se ganaron ovaciones con sus intervenciones, como el caso del histórico guitarrista Alambre González, el violinista Alex Musatov y la arpista Sonia Álvarez.

Mientras que Rada impuso su presencia por nombre propio, al tocar cencerros en «Creo que me suelto» y congas en «En la vereda del sol»; Alambre González regaló un descomunal lamento de guitarra en «Noche de perros»; Sonia Álvarez cautivó al apoderarse de todo el andamiaje musical en «Mundo agradable» y «El tiempo es veloz»; y Musatov sumó su incendiario estilo al resto de la banda en varios pasajes como un émulo de Jean-Luc Ponty.

Pero, aunque generoso a la hora de compartir créditos sobre el escenario, todos los focos se los llevó el protagonista de la noche, sin dudas por ser el responsable de un repertorio plagado de éxitos, aún incluso dándose el lujo de prescindir de algunas etapas de oro, como su paso por Pappo´s Blues, Pescado Rabioso y su liderazgo en Polifemo. Pues solo «Despiértate Nena», más que nada como velado homenaje a Luis Alberto Spinetta, aludió a algunos de estos hitos en su carrera.

Es que, como se mencionó antes, el repertorio giró en torno a «David Lebón», el disco de 1973; tuvo un fuerte anclaje en Serú Girán, y en su disco solista «El tiempo es veloz» de 1982, y apenas «Puedo sentirlo» y la citada «Creo que me suelto» como dos piezas sueltas de otros dos álbumes de la segunda mitad de los `80.

También hubo versiones de «Blackbird» de Los Beatles, la cual ligó con «San Francisco y el lobo», en medio de un set acústico; y del clásico blusero «Before You Accuse Me», de Bo Diddley, que asoció con «Copado con el diablo».

El gran factor común en este entramado fueron las virtudes interpretativas de Lebón y el tremendo respaldo de su banda, que por momentos se ganó el derecho a también ser bautizada como «la aplanadora del rock».

Allí, el protagonista encontró un aliado vocal en Dhani Ferrón, fiel soporte además como guitarrista rítmico; y un socio a la hora de los riff y los solos en Gustavo Lozano. La gran columna sonora la aportó el bajista Roberto Seitz y el enorme Daniel Colombres, probablemente uno de los mejores bateristas que dio el rock argentino. En equilibrio con este andamiaje rockero, Leandro Bulacio desplegó sonoridades souleras de alto nivel desde los teclados.

Con la confiablidad que daban un repertorio indestructible y una banda potente y aceitada, Lebón se erigió como un afable maestro de ceremonias, de gran cercanía con el público, a partir de confesiones personales sobre su vida familiar, mensajes a su nieta que estaba en las plateas, reflexiones sobre su estado de ánimo o simplemente pedidos de opinión sobre cómo se escuchaba lo que sonaba desde el escenario.

A las 21.15, en medio de un juego de luces y de aleatorias gráficas de fondo, Lebón puso en marcha el concierto a puro rock y en un permanente ida y vuelta entre su etapa solista y Serú Girán con «Sin vos voy a estallar», «Frecuencia modulada», «Cuanto tiempo más llevará» y «No seas dura».

«Hace media hora estaba con unos nervios que no quiero decir las cosas que tuve que hacer. 71 años y no se me van los nervios», blanqueó una vez que abrió el fuego musical.

Con momentos más y menos intensos, el primer tramo continuó con un formato rockero por el que pasaron «Perro andaluz», «Dos edificios dorados», «Esperando nacer», «32 macetas», «No confíes en tu suerte», «Casas de arañas» y «Despiértate nena», único tema de Pescado Rabioso que se salió del recorrido planteado.

Para el bloque acústico, subió como invitada Sonia Álvarez que hechizó hasta al propio Lebón al monopolizar la atención al momento de «Mundo agradable» y «El tiempo es veloz». La gran ovación recibida fue la prueba irrefutable de ello.

El clima intimista se mantuvo para las guitarras solitarias de Lebón y Ferrón en el tándem «San Francisco y el lobo» y «Blackbird»; para luego dar paso al piano, el violín y el contrabajo en una hermosa lectura de «Desarma y sangra» que dejó al legendario músico literalmente en llanto hacia el final.

«Puedo sentirlo» comenzó a marcar el contraste que quedó sellado definitivamente cuando Rubén Rada se hizo presente, divirtió con una suerte de unipersonal en el que contó algunas anécdotas desopilantes -exactamente, cómo Luis Miguel lo vetó como integrante de su banda y cómo perdió en un taxi la estatuilla de un Grammy que ganó en Nueva York-, y le puso sabor a «Creo que me suelto» y «En la vereda del sol».

El tramo final tomó forma con «No llores por mí Argentina», «Noche de perros» y el desgarrador solo de Alambre González, y el bloque blusero conformado por «Before You Accuse Me» y «Copado por el diablo».

Para los bises, todo el teatro se unió en una sola voz al entonar las estrofas de «Seminare» y «Nos veremos otra vez».

«Gracias por esta hermosa vida que me han dado», atinó a decir Lebón sobre el final. Sus seguidores, extasiados por el recorrido musical, seguramente habrán pensado lo mismo.

Por Hernani Natale, Especial para Télam